Se me han acabado los cigarros y es difícil encontrar éste pedazo de mi al que le gusta escribir, hace casi una semana en la que me he declarado muerta.
Mi corazón está muerto, mi alma está etérea.
Pensaba escribir algo sobre el día del padre, pero el clima no ayuda en lo absoluto, extraño a mi padre, quizá yo sería una mujer más fuerte teniéndolo a mi lado, yo sé que el donde quiera que esté me está cuidando. No se si esté orgulloso de mí en estos momentos, en los que la vida me da lo mismo, en la que sigo adelante por mero trámite y por no quedarme acostada todo el día como lo había hecho antes. Tal vez el esté triste, no sé.
Tal vez todo sea para bien y yo me estoy aferrando a un cacho de pasado que no puede estar ya en mi presente. Pensar en mí me ha costado mucho trabajo, pensar en que la vida sigue, hay mucha gente a la que debo conocer, muchos viajes, muchos lugares, mucho de todo. Pero hoy, a mí me da igual.
Yo soy la imperfección andante, mi refrigerador está lleno de alcohol, la comida se ha echado a perder, no tengo tan buena relación con mi familia, vivo sola y a pesar de tenerlos cerca, estoy sola.
Llego a casa todos los días y me platico a mí misma, platico incluso con las arañas del baño, platico con los pàjaros que tanto amo y que solo vienen a visitarme en estas épocas del año. Mi coche está sucio, hace semanas que no lo lavo, tiene un par de vasos de fiesta, tiene una muda de ropa, regada en los asientos traseros, tengo un sombrero que dice "mezcal", tengo mucha música triste. Mi casa cada vez se vuelve más fría, no tengo clablevisión ya, no tengo con quién jugar en la consola esa. Me da miedo ver películas, me da miedo seguir leyendo el libro ese que tengo en mis manos, que habla sobre los 30's y los hombres solteros, me da miedo mi iTunes, me dan miedo mis fotos. Duermo mucho y tengo pocos motivos por los cuales levantarme temprano para ir a la escuela. Lloro cuando alguien intenta abrazarme, prefiero que no lo hagan, he guardado tanto en mi pecho que no sé en que momento del año explote.
Mis zapatos están desgastados y me niego a usar la vida que tenía cuando vivía en otro lugar, esas cajas me señalan y se burlan de mí y mi cobardía, no puedo siquiera acercarme a ellas sin sentir dolor.
Entonces sigo preguntándome ¿mi padre estaría orgulloso de mí por ser tan cobarde?, él siempre me enseñó a ser fuerte, a ser la mejor, a decir lo que me molesta, a hablar sin pena. A enfrentar las cosas con la frente en alto. A preocuparme por mí misma, a ser "chingona".
Yo cuando era niña y vivía en la Santa María la Ribera, era muy feliz, mi padre me llevaba a caminar al kiosco Morisco, ahí aprendí a patinar, ahí gastaba mi dinero en paletas de hielo y juguetes, en pintar cuadros. Cuando me caía de los patines siempre en vez de ir a mi auxilio me decía que yo sola podía levantarme porque era bien "chingona", que me iba a doler pero que después pasaría, y que en el momento en el que aprendiera a patinar sin tropezarme tanto ese dolor se convertiría en satisfacción. Y tuvo razón. Aprendí y ya no me dolía, o al menos si me caía sabría cómo caer.
Ahora que me he caído, no sé como levantarme y no hay nadie a mi alrededor, solo me quedan éstas palabras de mi padre.
"Gracias por todo Héctor Herrera Hernández, no sabes como quisiera que estuvieras aquí, para decirme esto, te amo, papá"
Sobre un sueño
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Ayer soñé contigo, usabas aquella blusa negra que te hacía ver tan guapa,
tus lentes de pasta, los jeans que te encantaban y el par de tenis blancos
que se...
Hace 12 años


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